La girola de la Catedral de Oviedo

La girola o deambulatorio de la Catedral de San Salvador rodea la capilla mayor y constituye uno de los espacios que mejor muestran la transformación barroca del templo. Fue construida en el siglo XVII para facilitar el tránsito de los peregrinos que acudían a venerar las reliquias de la Cámara Santa, sin interferir en las celebraciones de la capilla mayor.

Girola o deambulatorio de la Catedral de Oviedo

Girola o deambulatorio de la Catedral de Oviedo, vista desde el transepto sur. Foto: Enric / Wikimedia Commons.

Una obra pensada para los peregrinos: la girola permitió organizar mejor la circulación de quienes visitaban la Catedral y la Cámara Santa, reforzando al mismo tiempo el carácter de Oviedo como lugar de peregrinación.

Historia de la girola

A comienzos del siglo XVII, el Cabildo de la Catedral consideró necesario adaptar el templo al importante flujo de peregrinos que llegaban a Oviedo. La disposición de la catedral gótica dificultaba la circulación de los fieles que visitaban las reliquias de la Cámara Santa y, por ello, se decidió construir un deambulatorio alrededor de la cabecera.

Para ejecutar la obra fue necesario adquirir parte de los terrenos pertenecientes al vecino monasterio de San Vicente. La construcción se desarrolló entre 1621 y 1633 bajo la dirección del arquitecto Juan de Naveda, uno de los principales responsables de las intervenciones realizadas en la Catedral durante aquel periodo.

La nueva girola respondía tanto a una necesidad práctica como religiosa. En el contexto de la Contrarreforma, el culto a los santos y a las reliquias adquirió una importancia especial, y el nuevo espacio permitió crear un recorrido devocional alrededor de la capilla mayor.

Arquitectura: del gótico al clasicismo barroco

Aunque la girola se incorporó a una catedral esencialmente gótica, Juan de Naveda diseñó un espacio de lenguaje clasicista que procura integrarse con la arquitectura anterior. Los grandes machones se articulan mediante pilastras de orden toscano y las cubiertas recuerdan, por su trazado, a las bóvedas de crucería del templo medieval.

El deambulatorio se organiza en torno a cinco capillas, de las cuales la central es más ancha y profunda. Entre ellas se levantan los machones que, además de su función arquitectónica, sirven de soporte a numerosas hornacinas con esculturas.

Siglo XVII

La estructura arquitectónica de la girola fue levantada entre 1621 y 1633 según las trazas de Juan de Naveda.

Siglo XVIII

La decoración escultórica y los retablos completaron posteriormente el espacio, convirtiéndolo en uno de los conjuntos barrocos más interesantes de la Catedral.

Las cinco capillas y sus retablos

Las cinco capillas de la girola recuperan simbólicamente la antigua dedicación del templo del Salvador a los apóstoles. La mayor parte de su decoración actual corresponde al siglo XVIII y está estrechamente vinculada al escultor ovetense José Bernardo de la Meana y a su taller.

Retablo de San Pedro en la girola de la Catedral de Oviedo

Retablo de San Pedro, en la capilla central de la girola de la Catedral de Oviedo. Foto: Enric / Wikimedia Commons.

Un conjunto sin repeticiones: los retablos presentan soluciones distintas entre sí. La variedad de estructuras, imágenes y relieves hace que el recorrido por la girola permita descubrir numerosos detalles diferentes.

Las esculturas de las hornacinas

Los machones que separan las capillas albergan un conjunto de dieciocho hornacinas. En ellas se representan santos y mártires cuyas reliquias se conservan en la Catedral, además de Padres de la Iglesia, profetas, fundadores de órdenes religiosas y santos de especial devoción popular.

Entre las imágenes más destacadas se encuentran Santa Eulalia de Mérida, obra de Alejandro Carnicero realizada en 1743, y diversas esculturas de José Bernardo de la Meana, entre ellas Santa Leocadia, San Jerónimo, San Emeterio, Santa Lucrecia, Jeremías e Isaías.

Santa Eulalia de Mérida en una hornacina de la girola de la Catedral de Oviedo

Santa Eulalia de Mérida, en una hornacina de la girola de la Catedral de Oviedo. Foto: Enric / Wikimedia Commons.

San Blas

Su presencia se relaciona con la devoción al santo como protector frente a las enfermedades y con la existencia de una reliquia en el cercano monasterio de San Pelayo.

San Antonio Abad

Muy venerado tradicionalmente como protector de los animales, forma parte del amplio programa devocional de la girola.

Santa Eulalia

La patrona de la diócesis y de la ciudad está representada mediante una escultura de Alejandro Carnicero, una de las piezas singulares del conjunto.

Magdalena y San Jerónimo

Estas figuras penitentes acompañan el comienzo y el final del recorrido de la girola y refuerzan el significado religioso del espacio.

El Salvador y la tradición peregrina

Junto a la entrada de la girola desde la nave sur se encuentra una de las imágenes más significativas de la Catedral: la escultura de El Salvador, titular del templo. Es una imagen de piedra policromada, de tamaño superior al natural, fechada en el siglo XIV y situada en este lugar desde el siglo XVII.

Cristo aparece frontal, bendiciendo con una mano y sosteniendo el orbe con la otra. La imagen ha estado estrechamente vinculada durante siglos a los peregrinos que pasan por Oviedo camino de Santiago.

Imagen medieval de El Salvador en la Catedral de Oviedo

Imagen medieval de El Salvador, Catedral de Oviedo. Foto: Carlos Teixidor Cadenas / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Oviedo y el Camino: la tradicional vinculación entre la Catedral del Salvador y la peregrinación jacobea quedó resumida en el conocido dicho: «Quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y olvida al Señor».

Ante esta imagen oró el papa San Juan Pablo II durante su visita a Asturias, el 20 de agosto de 1989.