Vidrieras de la Catedral de Oviedo

Las vidrieras de la Catedral de San Salvador de Oviedo forman parte esencial de la imagen interior del templo. La luz que atraviesa sus cristales coloreados transforma las naves y subraya la verticalidad de la arquitectura gótica, creando uno de los efectos visuales más característicos del interior de la Catedral.

El conjunto que hoy contemplamos es el resultado de una larga historia. La Catedral contó con importantes vidrieras desde el siglo XVI, pero los daños sufridos por el edificio durante el siglo XX provocaron la desaparición de gran parte de aquellas obras. Las actuales permiten comprender la importancia que la luz y el color tienen dentro del espacio catedralicio.

Vidrieras de la nave de la Catedral de San Salvador de Oviedo

Vidrieras de la Catedral de San Salvador de Oviedo. Foto: Enric / Wikimedia Commons.

Las vidrieras históricas de la Catedral

La utilización de vidrieras estaba estrechamente ligada a la arquitectura gótica. Los grandes ventanales abiertos en los muros permitían iluminar el interior y, al mismo tiempo, incorporar imágenes religiosas realizadas mediante cristales de distintos colores.

En la Catedral de Oviedo, cuya gran fábrica gótica se desarrolló durante varios siglos, las vidrieras contribuyeron a completar visualmente el edificio. Uno de los momentos más destacados de su historia se produjo a comienzos del siglo XVI, cuando se realizaron importantes trabajos destinados a decorar los ventanales del templo.

Diego de Santillana y las vidrieras del siglo XVI

En 1525 trabajó en las vidrieras de la Catedral el maestro Diego de Santillana, uno de los nombres vinculados al arte de la vidriera en la España de comienzos del siglo XVI. Su intervención se produjo cuando la construcción gótica de San Salvador se encontraba ya muy avanzada.

Aquellas vidrieras combinaban la función decorativa con la religiosa: filtraban la luz exterior y contribuían a crear en el interior del templo una atmósfera diferenciada, al tiempo que incorporaban representaciones figurativas propias del arte cristiano.

Un vestigio excepcional: del conjunto antiguo se conservan elementos de las vidrieras históricas en el rosetón del brazo norte del crucero, testimonio especialmente valioso de la decoración anterior a las destrucciones del siglo XX.

Las pérdidas del siglo XX

La historia contemporánea de la Catedral fue especialmente difícil para su patrimonio artístico. Durante la Revolución de Asturias de 1934 el templo sufrió graves daños, entre ellos la voladura de la Cámara Santa. Poco después, la Guerra Civil volvió a afectar al edificio.

Las vidrieras no fueron ajenas a estos episodios. Buena parte del conjunto histórico desapareció o quedó gravemente deteriorado, haciendo necesaria su reposición durante las restauraciones realizadas posteriormente.

Las vidrieras actuales

Tras las destrucciones del siglo XX, la recuperación de la Catedral incluyó la realización de nuevas vidrieras. Las que actualmente ocupan numerosos ventanales del templo fueron ejecutadas en la década de 1950 por el artista Santos Cuadrado.

Estas obras sustituyeron en gran medida a las desaparecidas y devolvieron a las naves el juego de luz coloreada característico de un gran edificio gótico. Sus composiciones se integran en los ventanales apuntados y acompañan visualmente los diferentes espacios de la Catedral.

El visitante puede observarlas desde las naves, el crucero y otros puntos del templo. Su aspecto cambia notablemente según la hora del día y las condiciones de iluminación exterior.

La luz como parte de la arquitectura

Las vidrieras no son únicamente elementos decorativos. En la arquitectura gótica, la entrada de luz a través de cristales coloreados forma parte de la concepción misma del espacio. Los ventanales alivian visualmente los muros y dirigen la mirada hacia las zonas altas del edificio.

En San Salvador, este efecto se combina con los pilares, arcos apuntados, bóvedas y tracerías para acentuar la sensación de altura de la nave. Cuando la luz exterior atraviesa las vidrieras, los cambios de intensidad y color modifican continuamente la percepción del interior.

Contemplar las vidrieras permite así descubrir un aspecto de la Catedral de Oviedo que puede pasar inadvertido en una visita rápida: la estrecha relación entre arquitectura, luz y color que caracteriza a los grandes templos góticos.