Órgano de la Catedral de Oviedo

A los pies de la nave central de la Catedral de San Salvador de Oviedo se encuentra uno de los grandes instrumentos históricos de la organería asturiana: el órgano construido por Aquilino Amezúa a comienzos del siglo XX. Su monumental fachada de tubos y su emplazamiento bajo el rosetón forman una de las imágenes más características del interior de la Catedral.

El instrumento actual fue construido en los talleres de Aquilino Amezúa, en Azpeitia, y quedó concluido en 1906. Pertenece a la tradición del órgano romántico-sinfónico y constituye una pieza destacada dentro de la producción de uno de los organeros españoles más importantes de su época.

Órgano de Aquilino Amezúa y rosetón de la Catedral de Oviedo

Órgano de la Catedral de Oviedo y rosetón. Foto: Enric / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Un gran órgano para la Catedral de Oviedo

El órgano que actualmente preside los pies de la nave central fue construido por Aquilino Amezúa en sus talleres de Azpeitia. La documentación histórica sitúa su construcción entre 1903 y 1905, y en 1906 se publicó una descripción del nuevo instrumento; la propia Catedral fecha en ese año su construcción.

Su instalación estuvo relacionada con las importantes transformaciones que experimentó el interior de San Salvador a comienzos del siglo XX. Hasta 1901 existía un coro que ocupaba los dos primeros tramos de la nave y al que estaban asociados dos órganos barrocos. Tras su desmontaje se adoptó una nueva disposición y el gran órgano de Amezúa pasó a ocupar su actual emplazamiento a los pies del templo.

Una imagen característica: la caja del órgano, con su gran frente de tubería, se integra visualmente con el rosetón situado sobre ella.

Aquilino Amezúa, maestro organero

Aquilino Amezúa y Jaúregui fue una figura fundamental de la organería española de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Sus instrumentos incorporaron las posibilidades expresivas y técnicas propias del órgano romántico-sinfónico.

El órgano ovetense pertenece a la etapa de madurez del constructor. La documentación histórica destaca la riqueza de sus registros, su potente trompetería y la variedad de timbres, así como innovaciones técnicas destinadas a ampliar los recursos disponibles para el organista.

Características del órgano

El instrumento dispone de tres teclados manuales y pedalero. Su concepción sonora responde a la estética romántica, capaz de ofrecer desde sonoridades suaves y expresivas hasta conjuntos de gran potencia apropiados para el amplio espacio de la nave catedralicia.

Una descripción publicada en 1906 destacaba especialmente sus flautados, la trompetería, el gran coro y la variedad de registros imitativos. También incorporaba recursos técnicos avanzados para su tiempo, entre ellos el pedal de crescendo.

La caja presenta madera y tubería vista. La fachada se organiza en varios campos de tubos, mientras que en la parte inferior una segunda fachada de tubería contribuye a ocultar la caja expresiva.

Daños y restauración

La Catedral sufrió importantes daños durante la Guerra Civil. El órgano fue posteriormente restaurado por Organería Española, S.A. (OESA), intervención que introdujo modificaciones en el instrumento.

A pesar de esas transformaciones, conserva un notable valor histórico y musical. En 2017 fue declarado Bien de Interés Cultural, con la categoría de Bien Mueble, junto con otros diez órganos históricos de Asturias.

Los órganos barrocos anteriores

El instrumento de Amezúa no fue el primero que sonó en San Salvador. El antiguo coro de la Catedral contó con dos órganos barrocos construidos en 1747 y 1751 por Pedro Echevarría Alcázar, organero real.

A comienzos del siglo XX, cuando se desmontó el coro que ocupaba los primeros tramos de la nave, aquellos órganos fueron también retirados y finalmente se perdieron. Parte de otros elementos del antiguo coro sí se conservó: fragmentos de la sillería se encuentran en la Sala Capitular y varios tramos de su reja fueron trasladados al claustro.

Más de dos siglos de historia: los órganos barrocos del siglo XVIII y el gran instrumento de Amezúa de comienzos del XX muestran la larga relación entre la música y la liturgia de la Catedral de Oviedo.