Capilla del Rey Casto de la Catedral de Oviedo
La Capilla de Nuestra Señora del Rey Casto, situada en el lado norte de la Catedral de San Salvador de Oviedo, ocupa un lugar excepcional en la historia de la monarquía asturiana. En este mismo emplazamiento, a comienzos del siglo IX, el rey Alfonso II el Casto mandó levantar una iglesia dedicada a Santa María, concebida también como lugar de enterramiento de los soberanos asturianos.
Aquella basílica prerrománica formaba parte del gran conjunto religioso promovido por Alfonso II en la capital del reino, junto a la iglesia del Salvador, la Cámara Santa y San Tirso. A sus pies se dispuso el Panteón Real, considerado el primer panteón de una monarquía hispana y antecedente de otros espacios funerarios regios medievales.
Capilla de Nuestra Señora del Rey Casto, Catedral de Oviedo
De la basílica prerrománica a la capilla barroca
A finales del siglo XVII, la antigua iglesia de Santa María se encontraba muy deteriorada. El obispo fray Tomás Reluz impulsó su sustitución por un nuevo templo, con apoyo de la Corona. Las obras comenzaron en 1705 bajo la dirección de Bernabé de Hazas y concluyeron en los primeros años del siglo XVIII, después de las dificultades provocadas por el derrumbamiento del cimborrio durante la construcción.
La capilla actual responde al gusto barroco y presenta una planta de tres naves, con las laterales más estrechas, pilares robustos, crucero y una monumental cúpula sobre tambor. La decoración combina motivos vegetales y heráldicos, subrayando tanto la advocación mariana como el carácter regio del recinto.
En las pechinas y en el ámbito de la cúpula aparecen representaciones idealizadas de monarcas vinculados al antiguo Reino de Asturias, mientras que los escudos reales recuerdan el patrocinio de la monarquía en la reconstrucción del edificio.
Cúpula de la Capilla del Rey Casto
El Panteón Real
El elemento de mayor significado histórico de la capilla es su Panteón Real. El primitivo espacio funerario creado por Alfonso II acogió los sepulcros de miembros de la monarquía asturiana y convirtió Oviedo en uno de los primeros grandes centros de memoria dinástica de la Península Ibérica medieval.
En la reconstrucción barroca, el panteón fue trasladado a la nave norte. Se encuentra protegido por una reja coronada por heráldica real y conserva seis sarcófagos que custodian restos atribuidos a distintos reyes, reinas, príncipes e infantes de la monarquía astur-leonesa.
Entre las piezas más singulares destaca el sarcófago paleocristiano de Itacio, del siglo V, reutilizado siglos después en el ámbito funerario regio. Su presencia constituye uno de los testimonios materiales más antiguos conservados en este conjunto.
Panteón Real de la Catedral de Oviedo
La portada tardogótica
Uno de los elementos más valiosos conservados de etapas anteriores es la gran portada tardogótica que comunica la capilla con el crucero norte de la Catedral. Fue realizada en el siglo XV, en el contexto de las obras dirigidas por maestros de procedencia septentrional como Nicolás de Bar y Nicolás de Bruselas, y constituye una de las muestras más destacadas de la influencia flamenca en el gótico ovetense.
El programa escultórico reúne apóstoles, evangelistas, profetas y personajes del Antiguo Testamento. En el centro destaca Cristo resucitado, acompañado por ángeles con instrumentos de la Pasión. El parteluz está ocupado por una Virgen de la Leche, incorporada posteriormente y policromada en época moderna.
Portada tardogótica que comunica la Catedral con la Capilla del Rey Casto
El retablo mayor y la Virgen de la Luz
El presbiterio está presidido por un importante retablo barroco de Antonio Borja, realizado entre 1715 y 1719. Su diseño introdujo tempranamente en Asturias el uso de los estípites como soportes decorativos. El conjunto está dedicado a la Virgen y desarrolla escenas de temática mariana, culminando en el ático con la Asunción y coronación de María.
En otro de los espacios de la capilla se conserva el retablo de la Virgen de la Luz, fechado en 1552. Procede del antiguo trascoro de la nave mayor de la Catedral y fue trasladado a este lugar después del desmontaje del coro a comienzos del siglo XX. La imagen central de la Virgen de la Luz se atribuye al escultor manierista Manuel Álvarez.
Junto a este retablo se conservan asimismo las esculturas pétreas de San Pedro y San Pablo, también procedentes del desaparecido trascoro. La convivencia de obras prerrománicas, góticas, renacentistas y barrocas convierte a esta capilla en uno de los espacios de mayor riqueza histórica y artística de la Catedral de Oviedo.
Las cabezas del Calvario
Sobre la puerta situada a los pies de la capilla se conservan tres cabezas de piedra correspondientes a Cristo, la Virgen y San Juan. Se datan a finales del siglo XII y guardan relación estilística con el Calvario conservado en la Cámara Santa. Son un discreto pero valioso testimonio de la decoración medieval del antiguo conjunto catedralicio.